Campo a la ciudad
Durante el último tercio del siglo XIX y la primera mitad del XX, Chile experimentó un fenómeno migratorio hacia los centros urbanos (Memoria Chilena), el cual respondió a la expansión minera y la industrialización del país. Si bien esto produjo una riqueza en ciertos polos industriales, la mayoría de los trabajadores no fueron los beneficiarios de aquello, tanto en el norte como en el campo de la zona central, por lo que vieron en la migración una oportunidad para mejorar su condición de vida.
Este proceso de migración causó grandes aglomeraciones en centros urbanos, como Santiago y Valparaíso, los cuales colapsaron ante la situación. Malas condiciones higiénicas, hacinamiento, cesantía y desnutrición son solo algunas de las consecuencias de dicho proceso, el cual se configuró como la “Cuestión social”, etapa marcada por la precariedad en la vida de las personas. De dicho proceso, así se refería Esteban Cavieres en el periódico La luz a propósito de la vida laboral campesina ”es muy penosa la vida del infeliz campesino. Trabaja recibiendo la lluvia encima de su cuerpo y con un hielo penetrante que le trasmina hasta los huesos. Sus ropas son sucios andrajos, sus pies desnudos sólo calzados con unas pobres ojotas para impedir, en parte siquiera, que las espinas le desgarren los pies (…) Si quiere darse un día de descanso, el tirano patrón le hace prender como un malvado” (Grez, 1995). Aquella visión demuestra las precarias condiciones laborales y de vida en el campo chileno, las cuales coincidían con la vida en las industrias, en donde las horas de trabajo y el nulo tiempo de descanso fueron característicos del proceso.