Campesina (inquilinaje)
El concepto de inquilinaje hace referencia a la relación social y económica entre el inquilino (trabajador) y el dueño de una estancia. En dicho proceso, el dueño permitía que uno o más de sus trabajadores vivieran en parte de su terreno a cambio de un trabajo, lo que produjo una serie de relaciones señoriales en el campo chileno. Mario Góngora (1960) establece que los inquilinos o beneficiarios de préstamos “(…) se asentaban de preferencia en extremos o linderos de la estancia o al menos en parajes alejados” (pág. 87).
El inquilinaje aumentó significativamente entre el siglo XVII y XVII gracias al aumento de mestizos libres en la zona central y el descenso demográfico de indígenas, por lo que la mano de obra se volcó a los inquilinos, es decir, mestizos y españoles pobres, quienes fueron contratados principalmente para labores asociadas a la producción y extracción de trigo. Esta relación laboral estaba condicionada por una retribución, llamada cánon, que el inquilino debía darle al dueño de la estancia por entregarle una parte de su territorio para vivir y trabajar, la cuál era considerada como su principal obligación (Góngora, 1960).